martes, 22 de noviembre de 2016

El camionero

Camionero.
Nunca pensó que ese sería su oficio y su definición.
Fredy Mercuri no lo podría creer si se lo contara y Charly le diría a dónde está Mariel.
Y los dos lo acompañarían durante todo el trayecto, como es debido.
Tal vez si la ruta fuera menos llana y la compañía menos complaciente hubiera decidido abandonar la ruta y olvidar esa pseudo procesión que lo hermanaba con hombres tan distintos.
Sentía a veces que el cuerpo no lo acompañaba durante los largos viajes, pero la parte de sí que menos lo acompañaba era el alma, que se le ponía a veces a llorar por los rincones de un tiempo ido en el que había sido demasiado joven y demasiado autocomplaciente.
Ahora los espejos le devolvían una imagen mucho menos larguirucha que la imagen que tenía de si mismo, un rostro de hombre de barba cerrada  y unas manos más rusticas que las que recordaba.
El lado oscuro de la luna se volcaba por los parlantes como una marea y las siete esposas de Enrique VIII le llenaban de oídos y el alma.
Si no hubiera sido por todos ellos tal vez no hubiera elegido la ruta como destino, pero ellos estaban allí.  Haciéndole compañía.  Una compañía para nada silenciosa.
En un cruce 40 km. antes del paso a Chile  la mujer hizo dedo.
El advirtió que no era una mujer en realidad y pensó que buscaba un poco de plata a cambio de un poco de sexo.
En realidad paró  porque la mujer que no era mujer le recordó dolorosamente a Ricardo, cuando había dejado de ser Ricardo pero todavía no era del todo Lola.
Pensó en preguntarle si quería que la llevara a algún lado, pensando que en el fondo era un idiota porque ni la mujer que no era mujer le creería.
Pero el paró para preguntarle si quería que la llevara a algún lado y sorprendentemente ella-él le dijo que sí, que necesitaba pasar a Chile.
Y el le preguntó si tenía documento, y cuando ella le dijo que si le dijo dale, subí, vamos.
Era amena ameno para charlar.
Hablaron del pueblo del que venía, del trabajo de el ella en la peluquería, del trabajo de él en el camión, de lo embolante que era la vida al fin y al cabo.
El ella le contó que muchas veces depilarse lo la agotaba.  Le contó que todas las mañanas se afeitaba con cuidado y se maquillaba con más cuidado todavía, le contó que le encantaba comprarse ropa interior y soñar que algún día se haría las lolas.
El le contó en cambio lo que le había costado darse cuenta que Ricardo era felíz siendo Lola.  Le contó cuanto le dolía ser solo camionero cuando había soñado no sabía bien que pero no era ese solitario recorrer la ruta de aquí para allá.

Le contó que a él también le costaba afeitarse cada mañana, pero que le molestaba mucho más la barba desprolija que lo volvía un tipo de cara sospechosa.