sábado, 18 de octubre de 2014

El jinete sin caballo y sin cabeza

Tenía una cabeza que le hacía juego con un alma honesta.  
Pero lo que tenía adentro no era un alma buena sino un cerebro lleno de mierda. 
Nadie lo soportaba y es por eso que un día apareció con el cuerpo separado de la cara.  
En el pueblo dijeron que había sido un psicópata de paso de Buenos Aires para el Sur, pero los que sabíamos como venía la mano estuvimos más con la teoría del fiscal del pueblo que andaba buscando culpables entre la gente común.  
Diez años después se supo que la  culpable había sido la asamblea del Club Unión que había decidido en pleno que no se podía seguir aguantándolo. 
Es que era una cagada de hombre.  Hacía cosas malas. 
Había fundando una financiera "ad hoc", lo que quiere decir que era un puto usurero.  Pero puto de verdad.  De los que esperan que estés loco de desesperación y te prestan al 50 % y mandan a toquetear a la hija o al pibe si no les devolvés con lo que tengas, sangre incluida.  
Así le remató la casa a unos cuantos y reventó a conciencia la vida de muchas personas.  Y estas son cosas que por ahí pasan desapercibidas en las ciudades grandes, pero no pasan desapercibidas para nada en un pueblo chico. 
Iba al club y ahí levantaba ideas para seguir haciéndose rico porque se quedaba hasta con las ideas de los que de puro pobres no podían hacer crecer ni un perejil. 
Se quedaba también, por supuesto, con algunas mujeres.  Algunas no valían ni una puteada, pero era otra forma de sumar amarguras verlo disfrutar de la mujer que ya era ajena. 
Así es que un día le separaron la cara del cuerpo. 
Para que no anduviera confundiendo a la gente con esa cara honesta pegada al cuerpo. 
Para que dejara de andar pensando porquerías. Porque con la cara se llevaron la cabeza entera. 
Fue la asamblea del Club Unión la que decidió la cosa en una reunión de jueves, de esas que se celebran en pleno invierno cuando es de noche desde las seis de la tarde. 
Cuando el fiscal llevó la causa a juicio y la comisión en pleno fue acusada presentó el libro de actas del club como prueba y allí, clarito, clarito, decía que había que sacarle la cabeza. 
No se supo nunca quien fue el autor material porque no había constado en actas.   
Pero no fueron presos.  
Es que no hubo tiempo.
Un jueves de invierno, de esos días en que se hace de noche a las seis de la tarde, el Club Unión, con la comisión en pleno, fue devorado por las llamas, tal como fue publicado al día siguiente en el diario del pueblo. 
Decían los imaginativos que un jinete sin caballo y sin cabeza andaba agitando las llamas pero no es verdad.  La realidad es que la justicia da mucho miedo y en el pueblo prefirieron quedarse sin justicia cocinando a la comisión.  Sin que constara en actas, eso sí. 





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